Déjà vu
Hace muchos años tuve un sueño muy extraño, tanto, que lo recordé vívidamente en cuanto desperté. Yo caminaba por un largo pasillo en el que había puertas de ambos lados y en cada una estaba dibujado un signo y un letrero. “Esta es la casa de Aries” decía la primera, y arriba podía verse el dibujo del signo del zodiaco. “Esta es la casa de Leo”, se leía en la segunda, con el respectivo signo. Así, sin orden alguno, hasta que llegaba a la que tenía el letrero de “Esta es la casa de Géminis”. Algo me decía que ahí debía entrar y tras dar vuelta a la chapa, abrí lentamente la puerta y en la penumbra pude sentir cómo pasaba aceleradamente mi vida, en un torbellino de imágenes que me dejaron un sentimiento de pasmo y angustia.
Unos días después fui a Zacatecas. Iba en plan de trabajo; me enviaban de la oficina de prensa de la entonces Secretaría de Patrimonio y Fomento Industrial para cubrir el informe de gobierno, que acudiría a escuchar el secretario con la representación presidencial.
Llegué al hotel en donde supuestamente tenía mi reservación y me informaron que no estaba prevista para ese día sino para el siguiente, que no tenían cuarto disponible pues esa época coincidía con la celebración de la feria estatal y tendría que buscar hospedaje en otro sitio para esa noche.
Así que no tuve más remedio que tomar un taxi y pedirle que me llevara a un hotel céntrico, para que fuera más fácil trasladarme al palacio de gobierno y ver a la gente encargada de comunicación social.
En pleno centro, en medio de la impresionante arquitectura colonial, había un hotel grande, de quizá tres o cuatro pisos, donde encontré alojamiento.
El botones tomó mi maleta y me acompañó al elevador, pero al iniciar mi camino hacia al pasillo, lo que vi me hizo estremecer. En cada una de las puertas, había un signo del zodiaco y precisamente en la que me tocó por habitación estaba el de Géminis.
Recuerdo perfectamente que en cuanto se fue el botones me sentí intimidada. Y en la noche, cuando regresé después de haber arreglado algunos asuntos, caminar por el pasillo fue uno de los momentos más difíciles que he vivido. Cuando abrí la puerta, tuve miedo y me sentí inmensamente sola, abandonada.
Dormí muy mal, inquieta, como en espera de que de un momento a otro pasara lo mismo que en mi sueño. Además, el hotel crujía, era una construcción vieja en la que se escuchaban o creía escuchar ruidos extraños.
Al día siguiente abandoné el hotel y llegué al que originalmente tenía asignado. Ahí no había signos del zodiaco ni cosas extrañas. Pero las sensaciones que me dejó esta experiencia no me abandonarían ni ese día ni nunca.
Perla Oropeza
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