Archive for Junio, 2006

La catarsis nacional

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Ninguna parodia le gana a la realidad nacional. No se sabe a ciencia cierta si la altura de la ciudad de México influye en el comportamiento mental de quienes la habitamos, pero que se sepa, en ninguna parte del mundo se celebra la derrota como lo hacen distinguidos miembros de la clase política mexicana.
Por eso se han acuñado frases a lo largo de la historia nacional como “ganamos perdiendo”, “lo mejor de todo es lo peor que se está poniendo”.
Con la ayuda de los medios electrónicos, radio y televisión, seguimos metidos en el deporte de hacer burbujas, pero cuando se rompen, encontramos la justificación perfecta. ¿Soñar no cuesta nada?
El nacionalismo se ha convertido en un recurso del marketing, aprovechado al 100 por ciento y si no ¿qué hacía la primera dama con una camiseta de la Selección Mexicana con el sello de una marca refresquera?
Es el conformismo institucional el que permite justificar los errores. ¿Se hizo lo que se pudo?, seguramente sí. No había más.
La decepción nacional no nos falló. Siempre ha sido así. Suerte para la otra y siga participando. Pero si apenas unas horas antes Lavolpe se había revelado como el gran salvador de nuestra honra futbolera. No, no fue cuestión de suerte. Ya estamos acostumbrados a poner “buena cara” ante la adversidad.
La decepción nacional se parece mucho a nuestros políticos, se la pasan generando expectativas y a la hora de la hora, se arrugan. Pero eso sí, lo paseado nadie nos lo quita.
Pero de qué preocuparse. No faltará quien proponga la creación de una comisión especial -con presupuesto propio-para investigar qué sucedió. La propuesta es que Carrillo Prieto determine por qué Rafael Márquez metió la mano donde no debía. O por lo menos que encuentre a la selección ganadora. ¿Qué no?
 

¿Mejor?, imposible
Un estudio del área de arqueología política contemporánea, del Chamanic Center, confirmó que las propuestas de los candidatos presidenciales están a un paso de lograr que nuestro país se convierta en un mundo feliz.
Sólo los escépticos critican las bondades de las maravillas que traen consigo las propuestas de campaña.
El senador Alfredo Reyes Velásquez, mejor conocido como El Mosco, hizo una de las mejores definiciones de las campañas presidenciales al equipararlas con una “subasta política”, porque se trata de ver quién ofrece más.
De entrada nos han ofrecido bajar los precios de la luz, la gasolina y el gas; todos coinciden en que el próximo sexenio la inseguridad se acabará y que los malosos mojarán los pantalones.
Por si fuera poco, harán un sustancial recorte a los impuestos y sólo falta que alguien sugiera institucionalizar el salario de nueve mil a diez mil pesos para abajo por los beneficios que traerá consigo. Otros aseguran que el gobierno pagará las cuotas del IMSS a los patrones, en el primer año de trabajo de los jóvenes. Se suprimirán los impuestos a las colegiaturas -algo que festejaron los que tienen a sus hijos en escuelas oficiales-; tendremos un tren bala como el AVE español; n’hombre, desaparecerán los pobres de este país, habrá medicinas para todos y la ayuda a los viejitos será universal. Se construirán tantas viviendas que hasta podrán rentarse como tiempo compartido para los migrantes de otras partes del continente. Los indígenas serán más dignos que nunca.
Habrá tantos empleos que los mexicanos radicados en el exterior regresarán corriendo. Eso sí, nadie va a tocar a la industria de los energéticos.
El crecimiento del país no será menor al 7 por ciento -aunque usted no lo crea-, tendremos una nueva Carta Magna, la corrupción será una simple anécdota en el tiempo, la educación superior tendrá tanto apoyo que hasta construiremos nuestra propia estación orbital.
Sería bueno que las propuestas de todos los candidatos se sumaran y que todos se sentaran en la silla presidencial. De otra manera, en seis años estaremos recriminando el incumplimiento de las promesas.
Jesús Sánchez / Recuento Político / EL FINANCIERO

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Cuñado incómodo, el efecto

hildebrando.jpg En el último tramo de las campañas, el resbalón le tocó a Felipe Calderón por el affaire del cuñado incómodo, lo que provocó un efecto de emparejamiento de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y la gravitación en la de Roberto Madrazo.
Los diferenciales entre ambos candidatos continúan cerrándose como preludio de lo que pudiera ocurrir el día de la elección, lo que no obsta para que conste que el voto de quienes prefieren mantener el principio de que su voto es secreto, sea el factor sorpresa.
A partir del debate entre los presidenciables del 6 de junio, las mediciones que realizan las encuestadoras serias modificaron sustancialmente sus resultados; recortaron la ventaja de Calderón, quien ya se había despegado de su más cercano competidor.
María de las Heras y su empresa Demotecnia estiman un interesante comportamiento de los potenciales electores, al grado que descontando los márgenes de error en las mediciones, prácticamente estamos ante un virtual empate técnico.
La información de Consulta Mitofsky también refleja este viraje, pero hay que notar el contraste con todas las manifestaciones mediáticas que consideraron a Calderón como el vencedor de los debates.
Reforma, por ejemplo, le dio el triunfo a Calderón en su encuesta posdebate, pero ayer registró una desventaja de dos puntos del michoacano frente a AMLO, para quedar 35 a 37, respectivamente. A Madrazo lo dejaron en 23 puntos.
Al revés, GEA-ISA le da a Felipe 37 puntos, 35 a AMLO y 24 a Madrazo.

Ulises, el factor
Salvo los casos de empresas como Demotecnia, Consulta Mitofsky y otras excepciones, lo que ha sido posible apreciar a lo largo de este proceso es que hay “encuestadoras militantes”.
Un caso realmente para el análisis es el de Ulises Beltrán quien de plano confesó que votará por Felipe Calderón y que en algunas mediciones ajustó los resultados.
Estas revelaciones las realizó Ulises Beltrán ante un grupo de alumnos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) -donde estuvo presente el reportero Martín Román Ortiz-, y ahí reveló que en un reporte reciente empató los porcentajes entre Calderón y López Obrador, cuando el michoacano estaba abajo.
En todo caso el problema lo tienen los candidatos y sus equipos de campaña, quienes deben realizar esfuerzos para convencer a los electores de que son opción. Los autoengaños no sirven a nadie.
Lo recurrente entre los candidatos del PAN y de la coalición Por el Bien de Todos ha sido descalificar los resultados que no les favorecen. Pero luego vienen los desengaños.

Voto diferenciado
En lo que resta de las campañas los candidatos tendrán que apuntalar el voto duro. El comportamiento del voto a escala nacional es distinto al que se aprecia en la ciudad de México. La perspectiva es que se impondrá el voto diferenciado y eso mostrará resultados diferentes tanto en la elección presidencial como en la composición del Congreso.
Tanto Demotecnia como Consulta Mitofsky han coincidido en que en el Congreso, aunque no hay expectativas de que se instale una mayoría absoluta, el PRI sigue con las posibilidades de mantener la mayoría simple, el PAN en segunda posición y el PRD en tercera.
A lo que temen los panistas es a que se mueva la estructura nacional priista, con su voto leal; mientras que los perredistas coligados con el PT y Convergencia tienen la expectativa puesta en que el “voto útil” los favorezca pues no tienen estructura nacional de voto.
Jesús Sánchez Martínez / RECUENTO POLÍTICO / EL FINANCIERO

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El 3 de julio

rs_092.jpg   Lo que más preocupa a candidatos, partidos, gobierno y sociedad es lo que ocurrirá el 3 de julio, un día después de que los electores acudamos a las urnas. 

Muchos son los escenarios trazados hasta ahora. Los optimistas coinciden en el deseo, la aspiración, de que el nivel de abstencionismo sea abatido y no supere un rango de 40 por ciento. De ser así, con 60 por ciento de participación, no habrá dudas de la legitimidad del ganador. Pero están los escenarios tremendistas y que aparecen como los más cercanos, mismos que anticipan distintas combinaciones de ganadores pero por escaso margen. En el mejor de los casos los cuestionamientos que desencadenaría la corta distancia entre uno y otro competidor, irán a la instancia del TEPJF, donde se dará la última palabra. 

Hay que decir que la organización de las elecciones federales, en manos del IFE, no está cuestionada. Por tanto, el desbordamiento de pasiones vendrá de otro lado, de los propios actores. Nadie se quedará cruzado de brazos. 

Sin embargo, el escenario de la anulación de la elección, hasta ahora es poco probable. Debido a que no ha sido trastocada la institución electoral y se cuenta con mecanismos que soportarían cualquier resultado por apretado que éste fuera. 

El problema es que el jefe del Ejecutivo no ha logrado borrar la actitud de parcialidad que muestra en el proceso. Y eso le hace daño a todos. 

 

Lo peor 

A algunos sectores les preocupa que se aliente la expectativa del “voto del miedo”. Escenarios peores se vivieron en otros procesos y no pasó a mayores. En 1988 la madurez política de Cuauhtémoc Cárdenas fue el factor que evitó un derramamiento de sangre; en 1994 los asesinatos políticos y la guerrilla fueron un coctel explosivo, y en 2000 el propio Vicente Fox acusó a los miembros del Trife de hacer “marranadas” y cantó el riesgo de fraude a voz de cuello. 

No se descartan movilizaciones en el país y protestas por los resultados. En las oficinas de inteligencia del país valoran el ambiente político y confían en que al final, las resoluciones de árbitros y autoridades se coloquen por encima de cualquier pretensión artificial de desbordamientos. 

Si en la noche del 2 de julio el IFE no tiene datos que permitan emitir la declaración de un ganador con una diferencia de 1 por ciento o superior, no dará resultados. Lo hará hasta que concluya el conteo del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y para ello tiene de plazo hasta el 5 de julio. 

 

Votos cubiertos 

Aunque los analistas y la mayoría de las encuestas comienzan a conciliar sus criterios en torno a la perspectiva de una final electoral de tercios, los expertos en sondeos de opinión reconocen que existe un amplio segmento de la población que prefiere ocultar el sentido de su voto. 

A ello se debe que al final los resultados en las urnas sean distintos a los pronósticos.

Por eso, los resultados de Consulta Mitofsky y de Demotecnia -de María de las Heras-, insisten en que hoy, a un mes de los comicios federales, no hay nada para nadie. Hay tres candidatos en la etapa final de la competencia. 

A los candidatos no les queda mucho para avanzar. El debate y posdebate, la próxima semana, y luego otras dos semanas previas a los cierres de las campañas que se realizarán el domingo 25 de junio y luego, la hora de la verdad. 

Jesús Sánchez / Recuento Político EL FINANCIERO 

 

 

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Incertidumbre, una pesadilla

pesadilla.bmp    La expectativa de que los comicios electorales pudieran llegar al colapso una vez que se conozcan los resultados de las votaciones, la noche del 2 de julio, no es más que otro escenario de terrorismo electoral. 

A pesar de que el tono de las campañas no ha dejado a la descalificación como principal ingrediente, hasta ahora no existe ningún elemento que sustente la expectativa del desbordamiento de la violencia o que las instituciones electorales del país queden rebasadas y que se declaren imposibilitadas para resolver las controversias que surgirán. 

En los últimos días han cobrado fuerza declaraciones que alientan el escenario catastrófico, sobre todo porque se espera un resultado tan cerrado que pudiera llevar a que éste no se reconozca. Y, claro, se alienta el temor. 

El acercamiento informal entre los estrategas de Roberto Madrazo y de Andrés Manuel López Obrador, fortaleció la expectativa de un frente común, de una convergencia entre “primos hermanos” para enfrentar lo que advierten como una estrategia de Estado para hacer ganar a Felipe Calderón. 

El michoacano ha incorporado a su discurso esa expectativa, la de que sus adversarios no reconocerán la derrota. Y de ahí, la tormenta. Y de ahí, la anulación de las elecciones. Y de ahí, la segunda vuelta. Es la apuesta a la incertidumbre. 

La judicialización de las elecciones está a la vuelta de la esquina y esta fase habrá de ocurrir porque la última instancia es el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y, sin duda, actuará, porque deberá dirimir las impugnaciones en casillas. 

Para que una elección pueda anularse sería necesario que el TEPJF reconociera inconsistencias en el 20 por ciento de las casillas instaladas en todo el país. 

Cada candidato y cada partido en la contienda dispone de ejércitos de abogados para enfrentar esa etapa. 

Para tener una idea de lo que significa un resultado cerrado entre los candidatos, hay que revisar los números de la lista nominal de mexicanos con credencial para votar. De acuerdo con las cifras del IFE, 71 millones 351 mil 123 mexicanos apareceremos en la lista nominal de electores. 

En el caso improbable de que todos acudiéramos a las urnas, cada punto de diferencia será equivalente a 713 mil 521 electores. 

Pero como se espera un abstencionismo aproximado del 50 por ciento, entonces cada punto de diferencia entre uno y otro candidato será de unos 356 mil electores. 

De tal manera que si ocurre el escenario catastrófico de que la diferencia sea entre uno o dos puntos del total de votantes, entre el primero y segundo lugares de la elección, estaremos hablando de que si uno de los candidatos obtiene el triunfo con dos puntos, éstos representarán poco más de 713 mil votos, los cuales en automático difícilmente podrían anularse. En nuestras leyes, un solo voto hace la diferencia. 

En la perspectiva de que la elección es de alta competencia, la participación directa o indirecta del Ejecutivo federal para respaldar al candidato de sus colores, dejaría -en caso de un eventual triunfo- un presidente más debilitado, sin la suficiente legitimidad como para hacer que la transición sea un estadio evolutivo de la política y la democracia. 

Estaríamos afianzando una etapa del presidencialismo que se supondría superada. 

La alternancia implica un cambio de gobierno con otros colores partidistas. Y por lo que se aprecia en la actual contienda, éste es uno de los escenarios posibles más fuertes. 

A los candidatos y partidos opositores se les atribuye el riesgo de los conflictos postelectorales. Pero la pregunta es si los grupos que hoy son gobierno, estarán dispuestos a mostrar la madurez que en su momento tuvo Ernesto Zedillo como para reconocer el triunfo de sus contrarios. Porque también del lado del gobierno se puede generar ese desbordamiento social, al revés. 

Cualquiera que sea el resultado, lo que no conviene al país ni a los mexicanos es que en las primeras horas del 3 de julio México se despierte con la pesadilla de la incertidumbre.

Jesús Sánchez / Cuarto de Guerra (EL FINANCIERO)

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Transfuguismo

 partidos.jpg   No estaría de más que en México se tomara en serio una iniciativa que en España movió los cimientos de los partidos y que tiene que ver con neutralizar a los políticos que han encontrado en el transfuguismo un modo de vida alternativo, para mantenerse en la jugada. 

Los partidos españoles lograron suscribir un Pacto Antitransfuguismo orientado a reforzar los mecanismos democráticos y luchar con esa práctica cada día más común. 

En México este fenómeno es muy socorrido. Algunos plantean que los partidos no han creado cuadros propios en los últimos años, por eso a la hora de elaborar proyectos políticos como la integración del Congreso, los partidos se dedican a la pepena y coptación de políticos que se justifican para cambiar de camiseta. 

Un señalamiento recurrente en el equipo que rodea a Andrés Manuel López Obrador es que la mayoría de sus integrantes son expriistas y la excusa es que esa misma práctica está ocurriendo en el PAN. Sólo hay que revisar las listas de los candidatos al Congreso para advertir una mayor presencia de políticos que hasta hace unas semanas militaron en otros partidos y adoptaron nuevos colores, todo, en aras de las añoradas mayorías en las votaciones parlamentarias. 

Pero esto también incluye a políticos que no habiendo alcanzado la candidatura a una gubernatura, se cambian de partido y ya la hicieron. 

Una de las sanciones que en España se aplicarán a los tránsfugas es dejarlos fuera de las listas de candidatos a cargos de elección popular, “para siempre”. 

El fenómeno es considerado una enfermedad política que mina los cimientos de la honestidad y credibilidad en que se apoya el servicio público. 

En nuestro país es muy común incluso declararse como legisladores independientes, que no son de aquí ni son de allá, pero que se convierten en cabilderos que cotizan alto sus votos.

Jesús Sánchez / Recuento Político (EL FINANCIERO) 

 

 

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Debate mediático

debate.jpg Los cinco candidatos a la presidencia de la República acudirán al segundo debate previsto para el martes 6 de junio. Desde ahora las percepciones generales son que los tiradores “van a darse con todo”, pues existe la “creencia” de que quien resulte menos raspado logrará una ventaja significativa en la contienda.

Éste es el resultado de lo que ha generado la guerra mediática, la cual justifica que en la competencia por la silla presidencial se vale de todo.

Pero los think tankers de los candidatos están preocupados porque las propuestas se quedan en el camino y como hace seis años comienzan a generar expectativas de pasar de Foxilandia a otro mundo feliz, que a la hora de la hora tampoco resuelva las necesidades de mejor calidad de vida de los mexicanos.

El bajo rating (nivel de audiencia) que tuvo el primer debate, fue un golpe bajo de los potenciales electores a los candidatos. La presencia de Andrés Manuel López Obrador en el foro podría aumentar la expectación, pero más que un ejercicio para contrastar propuestas, lo que se espera es que literalmente se “agarren de la greña”.

El posdebate también tiene sus asegunes porque es de esperarse una nueva andanada de las encuestadoras que generará nuevas burbujas para dar ganadores.

Los escenarios

Por ahora, los estrategas de los candidatos ya toman sus previsiones y evalúan los escenarios del debate.

1.- Andrés Manuel López Obrador no sacará una chachalaca de su chistera. Eso aseguran.

2.- Hay dudas de si Roberto Campa Cifrián hará otra “jugada maestra”. Como la de exponer públicamente información fiscal de Roberto Madrazo so riesgo de que el SAT no sólo le jale las orejas.

3.- Felipe Calderón no llevará banquito. Los técnicos hacen milagros para que el podio del panista esté a la altura.

4.- Roberto Madrazo espera que no se le vayan encima todos, como le ocurrió con Calderón y Campa.

5.- Patricia Mercado mantendrá su estrategia de ir al monólogo, sin ver ni oír a los otros, al fin y al cabo le resultó en el primer debate.

6.- También se hacen pronósticos para que López Obrador no “batee” las preguntas de la moderadora y que tampoco use la frase “amor y paz, lo que diga mi dedito”.

7.- Podrá apreciarse hasta dónde llegan las coincidencias entre Madrazo Pintado y López Obrador contra la elección de Estado. El papel incómodo lo llevará Calderón.

8.- De confirmarse esa alianza informal entre los “primos hermanos”, la pregunta es si entrará Campa al quite para respaldar al michoacano.

9.- Un dato curioso, tres de los cinco candidatos tienen como raíz al priismo.

10.- Se espera que la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) tenga una mejor organización.

Jesús Sánchez / Recuento Político (EL FINANCIERO)

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