Archive for Enero, 2006

INDUSTRIA DE LA DEMOCRACIA

DINERO   La teoría política de la democracia moderna, los estadios de transición y la alternancia del poder, no sólo le dan soporte a la evolución o retroceso de sociedades, como la nuestra, de manera paralela se usan como justificación para hacer de la política y la democracia un gran negocio.
Eso es lo que ocurre con los gastos que se destinan para cumplir con los rituales para atraer el voto. La mayor parte del presupuesto destinado a las campañas de los candidatos se dirige al pago de la propaganda.
Por una parte está la propaganda utilitaria que se transforma en la pinta de bardas, carteles, anuncios espectaculares y los clásicos pendones que hacen parecer a ciudades y poblados como tendederos. Al final, después de las elecciones, todo eso se convierte en basura.
Pero lo más preocupante en esta época en la que se busca repetir el fenómeno mediático de los comicios de 2000, es el apuntalamiento de la telecracia, pues son la televisión y la radio los medios de difusión que atraerán el 90 por ciento de los recursos que se gastarán en la publicidad de las campañas.
De acuerdo con estrategas y consultores, que comparten por supuesto parte de esas ganancias, la tele y la radio son los medios más eficaces para tocar las fibras más sensibles de este tipo de clientes de temporada, que al final son consumidores de ilusiones.
Estrellas fugaces
En la historia reciente de quienes han seguido el camino de la estrategia mediática para estar a la cabeza de los procesos en los que lo que se juega es simplemente el poder, se cuentan más experiencias de fracaso que de éxito.
Desde Jorge Castañeda, pasando por Arturo Montiel y Santiago Creel -los mejores anunciantes de 2005-, todos ellos y otros más gastaron mucho dinero en el bombardeo de espots dirigido a los mexicanos. Al final resultaron raspados y gastados. Los mismos medios que les dieron espacio para su promoción, se los acabaron. ¿Valió la pena? Los medios no objetaron la venta de los tiempos, no tenían por qué hacerlo, pero la efectividad de esas campañas mediáticas, sólo puede considerarse un fracaso total. Y lo peor de todo es que no existe ninguna legislación que obligue a quienes recurren a esos mecanismos para saber de dónde obtuvieron los recursos para afrontar ese gasto inútil.
En nuestro país sólo dos grandes cadenas de televisión se repartirán el pastel, también son dos grupos radiofónicos los que tendrán la mayoría de los contratos firmados por los partidos y avalados por las autoridades del IFE.
Pero la chiquillería ya puso el grito en el cielo y las empresas que no están ligadas a esos grupos han protestado porque recibirán entre todos la rebanada más delgada.
Un estratega de otras campañas asegura que en esta crisis faltan los concesionarios de medios electrónicos del interior del país. Para no quedarse fuera. Pero las protestas de algunos concesionarios han llegado al nivel de comenzar a cancelar la cobertura directa de las campañas políticas.
La industria de la democracia implica también una negociación de espacios en los medios electrónicos.
Además de los programas especiales donde se presentan los perfiles de los candidatos y sus proyectos, que como Bob Ross dan pinceladas maravillosas de lo que podrían hacer de ganar las elecciones, la novedad es la producción de programas como el de Andrés Manuel López Obrador La Otra Versión, a precios tan castigados que son vistos como una inversión de los empresarios televisivos. Pero también es un albur, porque si pierde López Obrador, la cadena de televisión quedará estigmatizada. Pero si gana, ganan.
Todo esto deja al concepto de la equidad como un recurso discursivo, no más. Un doble lenguaje, donde en aras de la democracia y de acercarle al electorado a los candidatos, se antepone la ganancia económica.
Jesús Sánchez / Recuento Político (EL FINANCIERO)

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Periodismo y tecnología / I

Adriana Como ocurre en muchos oficios y profesiones, el trabajo periodístico ha sido “tocado” por la tecnología. Aunque su esencia y misión son las mismas que hace un par de décadas, la aparición de las computadoras y la red de redes han transformado su ejercicio.
Trasladémonos a 1980. No hay computadoras personales. Las únicas que conocemos son las enormes máquinas que aparecen en películas o en series de televisión, como la Baticomputadora del hombre murciélago, de una tonelada de peso, miles de luces y ruidos extraños. No hay fax. Y ¡dios mío! Tampoco existen los celulares.
Las grabadoras pesan un cuarto de kilo. Por eso los periodistas siempre toman notas. A nadie en su sano juicio se le ocurriría utilizar diariamente y a todas horas la grabadora. Deben teclear su nota en una máquina de escribir, con varias copias mediante papel carbón, para entregar una al jefe de información, otra al jefe de redacción, otra para ellos mismos…. Por eso aprenden a escribir con los menos errores posibles.
Si no están en su lugar de trabajo, deben mandar la información por teléfono. Y si no hay teléfono a la mano, saldrán a buscar uno a alguna esquina, meterán su moneda en la alcancía y deberán contar con muchas monedas más si la nota es larga, porque a los tres minutos suena la voz de la grabadora: “para continuar, deposite sin colgar otra moneda”.
Si tienen que investigar un dato, deberán sumergirse en la hemeroteca, consultar decenas de libros, ir a centros de investigación o tocar mil puertas y realizar diversas llamadas para obtenerlo. Por eso aprenden a investigar (y a leer). Y a tomar notas, porque a lo largo de los años en esas notas encontrarán los datos que enriquecerán subsiguientes trabajos periodísticos.
En gran parte de los periódicos, persiste un rígido sistema de castas. Los principiantes son tratados con desdén. En algunos lugares ni siquiera les pagan. Son contratados como “huesos”, que deben llevar y traer por las diversas áreas del diario el material periodístico. Pero además les dan la “oportunidad” de aprender. Y dependiendo de sus propias capacidades se convertirán en correctores de pruebas o de estilo; en redactores y más tarde en reporteros, y quizá hasta en jefes de sección, de redacción o información.
Regresemos a la época actual. Las computadoras y sus programas de procesamiento de textos nos hacen la vida más fácil. Ya no hay que volver a escribir toda una cuartilla si queremos cambiar de lugar un párrafo. Las notas las guardamos en un archivo donde podrán verlas todos en la redacción o podemos mandarlas por correo electrónico o fax (aunque este último ya está entrando al final de su historia). Muchos de los datos que necesitamos los tenemos en Internet, a la mano. Incluso hay noticias destacadas que han salido de información que estaba ahí, en la red de redes, esperando que alguien se percatara de ellas, que alguien investigara (dos ejemplos: el toallagate o el caso Guido Belsasso). Pero además el sistema de castas se ha ido diluyendo, conforme se hace menos necesario llevar papeles de un lado para otro.
Los antiguos vicios persisten, ahora modernizados. Y si antes como ahora había reporteros cuya única fuente eran los boletines de prensa y los discursos, ahora ni siquiera tienen que tomarse el trabajo de reescribirlos, porque basta con que los copien directamente del ordenador, sin cambiar ni una coma. Es la era del copy paste, dicen.
Ahora muchos reporteros de medios escritos van por la vida sin tomar notas y dependen de la buena calidad de sus grabadoras. Llegan a su redacción y dedican la mayor parte de su tiempo a transcribir lo que acaban de escuchar en la conferencia de prensa. Y si su grabadora sufre una avería, sobreviene una tragedia, pues no serán capaces de escribir dos líneas. Este artefacto, que debería ser utilizado sólo para entrevistas y algunos trabajos especiales, se convierte en la libreta de apuntes y en la memoria del periodista.
En las redacciones, la dependencia de la tecnología adquiere tintes dramáticos. Porque en la mayor parte de los medios la tecnología interviene en todos los procesos y las fallas en ordenadores o redes pueden provocar una catástrofe o cuando menos retrasar y obstaculizar el trabajo diario.
Son cosas de la nueva era, impensables hace apenas 25 años.
Perla Oropeza

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Tres tristes tigres


 Tigres   La temperatura política de las campañas presidenciales aún va de tibia a fría. No calientan. Los competidores y sus equipos miden cautelosos el terreno y eso se refleja en la intensidad de los actos públicos y en un despliegue más bien mesurado en el ámbito mediático.
Incluso las declaraciones del jefe del Ejecutivo en esta primera fase de las campañas ha sido marginal. Destacaron las posiciones del secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, en el sentido de que el gobierno federal no responderá a “los ataques” o descalificaciones de los candidatos. En tono menos neutral, el vocero Rubén Aguilar aseguró que a los funcionarios no se les colocará un “bozal”.
El presidente Fox no sólo realiza evaluaciones internas con sus expertos para medir las expectativas de crecimiento o estancamiento que cada candidato tiene, también lo hace con reporteros. Más vale una segunda opinión.
Mientras, los tabasqueños Roberto Madrazo Pintado y Andrés Manuel López Obrador decidieron prescindir de la seguridad que les ofreció el gobierno federal a través del Estado Mayor Presidencial. Los únicos con ese tipo de protección son Felipe Calderón Hinojosa, así como los representantes de los partidos marginales y de nuevo cuño -que en ambos casos su meta es la de mantener el registro partidista- Roberto Campa y Patricia Mercado.
Los primeros diseños de las agendas de campaña muestran que gran parte del despliegue para conquistar el voto de los mexicanos se centrará en el Distrito Federal y el Estado de México. Los candidatos del PAN y la alianza PRD-PT-PC dedicarán los primeros días de cada semana a estas plazas, mientras que el abanderado del PRI lo hará sábados y domingos. No es para menos, pues en conjunto representan alrededor de 14 millones de votos potenciales.
El despliegue mediático también ha sido moderado. Aunque se espera un bombardeo de mensajes que abonen a la ilusión por radio y televisión, al menos en el arranque sólo se han visto y escuchado espots de Calderón y Madrazo. López Obrador inició su campaña con un programa de media hora que transmitirá de lunes a viernes TV Azteca, pero que sólo verán los muy madrugadores.
Hasta ahora, los mensajes de los candidatos no han dejado de ser más que enunciados demasiado generales de sus propuestas.
Los temas recurrentes tanto de Calderón como de Madrazo, sobre todo en foros empresariales, tienen que ver con la inversión en el sector energético del país. También se ha abordado el tema de la inseguridad y ambos coinciden que no les temblará la mano para combatir el narcotráfico y la delincuencia.
Aunque arrancó con el tema de la pobreza, López Obrador se ha referido a las reformas legales para darle atribuciones al Ejército, que no tiene, pero también advirtió que nunca más se usará a las fuerzas armadas para la represión de la población civil.
Los lugares comunes de los candidatos. “Soy un pecador estándar”, Calderón; “Estoy acostumbrado a cumplir lo que prometo”, Madrazo… “Abriré el Fobaproa”, López Obrador.
A las propuestas de los candidatos les ha faltado un ingrediente básico. No dicen cómo lo lograrán, o bien, las respuestas son generalidades.
Lo que no se esperaba escuchar de los candidatos: “El neoliberalismo fracasó”: Madrazo… “Mantendremos el modelo del libre mercado”: López Obrador… “El narcotráfico tendrá en mí a su peor pesadilla”, Calderón.
El arranque de las campañas no ha sido estruendoso y por ahora no se han atacado, muestra seguramente de la civilidad democrática. Pero la falta de calor para convencer a los electores de que acudan a votar, los hace ver todavía como a tres tristes tigres.
Jesús Sánchez (Cuarto de Guerra / EL FINANCIERO)

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LA AVALANCHA DE LOS CÍNICOS

Cínicos2 Dice Ryszard Kapuscinski (ver Los cínicos no sirven para este oficio) que el verdadero periodismo es intencional, esto es, que se fija un objetivo y que busca provocar algún tipo de cambio. Sin embargo, añade, para ser buenos periodistas es absolutamente necesario ser escépticos, realistas y prudentes, pero ante todo ser éticamente correctos.

“Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, en parte de su destino.” (AQUÍ VUELVE A APARECER LA PALABRA, ESA PALABRA QUE ES LEIT MOTIV DE ESTE BLOG).
Por eso el periodismo, el buen periodismo, no es para los cínicos. Porque cinismo es, según la Real Academia Española, “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”.
Muchos dirán, y con razón, que eso precisamente es lo que vemos en muchos medios, sobre todo en los electrónicos, donde se miente o se da información a medias o sesgada con el más absoluto descaro. Pero precisamente eso es lo que podemos considerar como lo más alejado del verdadero periodismo. Es como cuando, con desfachatez, los programas de chismes del espectáculo se definen a sí mismos como periodísticos.
En esta época electoral, muchos directores de medios, conductores de programas noticiosos y editores ya buscan su acomodo con vistas a treparse en el tren del candidato que llegará a la Presidencia. Quieren obtener o prolongar sus privilegios. Y no dudan en favorecer a alguno de los presidenciables. Al hacerlo, no piensan en el periodismo, sino en sus muy particulares intereses. No importa que se digan a sí mismos y a quienes quieran oírlos que lo hacen por el bien de la nación. Lo cierto es que pertenecen a ese gran ejército de cínicos que buscan ganancia de pescadores en el río revuelto.
Perla Oropeza

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Candidatos, sus lastres

Bandera

Ya están aquí. Cargados de promesas, de compromisos, capaces de cumplir cualquier sueño, con estrategias probadas para demostrar que son mejores que el de enfrente.
Son los candidatos presidenciales que, apoyados en las estructuras partidistas, van con todo en esta batalla sexenal para alcanzar el poder.
Pero, en el arranque de las campañas, que continuarán rompiendo todos los récords por costosas, el principal adversario será y es la indiferencia.
A lo largo de poco más de cinco meses, los candidatos presidenciales recorrerán el país como los abanderados de la confianza, la honestidad, la esperanza, y se compararán con los errores del pasado inmediato. Pero aún con el lastre que les ha dejado en su interior la conclusión de los procesos internos partidistas, serán los candidatos, todos ellos defensores a ultranza del avance democrático, quienes se pronunciarán contra el retroceso, pero no dejarán pasar la oportunidad de triturar al adversario.
Tejedores de sueños
Antes, durante y después de la tregua decretada por el IFE, los movimientos de los candidatos y los partidos con representatividad gravitan en los registros de las empresas de opinión. Aunque la medición real la dan las estructuras de los partidos, no hay señales de que la percepción de los potenciales electores sobre una votación abultada haga la diferencia.
Los datos más recientes de María de las Heras refieren, por ejemplo, que 20 millones de mexicanos no votarán. Ni con melón ni con sandía, simplemente serán el segmento de la inamovilidad, de la abulia, de la indiferencia.
Para los analistas de Prospecta Consulting, un tercio del padrón electoral, estimado en 72 millones, no ha decidido por quién votará. Esto da cuenta de que nuestro nivel de participación política en el país está por los suelos.
La elección se definirá entre los candidatos del PRI, PAN y PRD; los partidos que se integraron a las alianzas poco cuentan y no reflejan que serán determinantes en el resultado final. Siguen siendo marginales. Y los otros candidatos, los del Panal y del PASC, que se colaron a través de las hendiduras legales, lo único que aportarán será más gastos que habremos de cubrir los contribuyentes en forma de prerrogativas.
Piedras del camino
Las candidaturas de Roberto Madrazo Pintado, Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador arrastran sus respectivos lastres.
Los priistas no han terminado el proceso de cicatrización interna y pese a que incorporaron a la campaña a sus críticos internos, casi todos labastidistas agrupados en lo que se llamó el Tucom -entre ellos a Enrique Jackson, Manuel Ángel Núñez y Diódoro Carrasco-, aún tienen dos frentes abiertos, el de Elba Esther Gordillo, que les seguirá metiendo ruido a través de Roberto Campa -candidato por obra y gracia de la maestra-, y el de Eduardo Bours, quien un día amanece cerca de los pejistas y otro de los felipistas.
Tampoco podrá hacer mucho Arturo Montiel, aunque quede totalmente exonerado del sospechosismo sobre sus bienes, porque será usado para el golpeteo de los competidores.
Los panistas se mueven trabajosamente por el peso del desempeño foxista y por el riesgo que implica un manejo inadecuado de los militantes incorporados al sector público, sobre todo los que están a cargo de los programas sociales. Porque cualquier error les desencadenará no sólo un escándalo, sino una significativa caída en las preferencias electorales.
Para los perredistas, los puntos flacos siguen estacionados en la herencia del bejaranismo, cuyos costos los medirán en las urnas. La confrontación entre los grupos afines a René Bejarano, que pelean hasta con las uñas las candidaturas delegacionales y en el Congreso, sigue acumulándose. Las acusaciones de perredistas contra perredistas les repercutirá negativamente a la hora de la votación.
Ejemplo de ello es la confrontación entre Lorena Villavicencio y Ruth Zavaleta. Otro grupo tiene en capilla al delegado Miguel Bortolini. Al final se harán pedacitos.
Jesús Sánchez / Recuento Político (EL FINANCIERO)

 

 

 

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ARRANQUE PAREJERO


Candidatos  En el arrancadero, las posiciones de los competidores en la trama electoral de 2006 son tan cerradas, que la coincidencia sobre el resultado del 2 de julio es que cualquier cosa puede pasar.
 Porque ahora sí, serán los candidatos y sus plataformas partidistas los que deberán darse a la tarea de convencer a los electores de que sus propuestas son las más sólidas y atractivas. Lo más importante de todo esto, es que alienten el voto en las urnas y no el abstencionismo.
 Todos los análisis anticipan una ruda competencia en la que no se descarta que los candidatos se darán hasta con la cubeta.
 Y aunque en la política, la guerra y el amor dícese que todo se vale, lo que preocupa es que la competencia derive en una riña de callejón.
 Desde ahora también se prevé un resultado cerrado, tanto que existe el riesgo real de que los manotazos y las acusaciones de fraude sólo sirvan para deslegitimar al ganador.
 Deberían ser suficientes los últimos años en que los mexicanos han marcado la senda de la alternancia en el poder, como para que las expectativas de desarrollo del país no queden gravitando sólo en la disputa política. Pero hacen falta resultados tangibles que respondan a las demandas de la sociedad, so pena del voto de castigo.
Final, de trámite
 Lo que resta del actual sexenio será propiamente de trámite. Del supergabinete con el que arrancó la administración foxista no queda mucho. Y de cumplirse las expectativas de otros secretarios de Estado que pretenden buscar espacios en el Poder Legislativo, prácticamente no quedará nada.
Del gabinetazo original sólo quedan Francisco Gil, Julio Frenk, Gerardo Clemente Ricardo Vega García, Marco Antonio Peyrot González, y en Los Pinos, Eduardo Sojo.
Y aunque Rubén Aguilar diga lo contrario, Pedro Cerisola y Rodolfo Elizondo podrían decidir en las próximas semanas si aterrizan o no sus expectativas de ir al Senado.
Tere, la secretaria
 La designación de Ana Tere Aranda en la Sedesol superó todas las marcas y se voló la barda. Hace seis años, la política poblana no hubiera pasado la prueba de los head hunters. Los desencuentros en el primer círculo de Los Pinos por esa designación, atribuida a la primera dama, lejos de constituir un respaldo a la campaña calderonista, se convierte en un talón de Aquiles, pues cualquier error habrá de costarle caro al michoacano.
La jugada lleva a imaginar la escena en la que el number one de Los Pinos le dice a su interlocutora que el relevo lo haría el lunes, pero la primera dama le exigió ¡hoy, hoy, hoy!

Jesús Sánchez / Recuento Político (EL FINANCIERO)

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AMBIENTE PREELECTORAL

 Atlas.jpg El México de hoy, inimaginable hace un par de décadas, provee al periodismo de un material único. El ambiente preelectoral domina la vida diaria. Y la pregunta más común que se hace a los periodistas por parte del resto de los mexicanos es: ¿Quién va a ganar la presidencia? ¿cuál es el mejor candidato para el país?
Responder tajantemente es tanto como intentar predecir el futuro o dar línea. Aún es temprano para poder analizar las preferencias y tendencias electorales, pues ni siquiera han comenzado las campañas y las encuestas realizadas tienen un gran sesgo porque se realizaron cuando sólo había un candidato seguro (López Obrador) y los otros dos apenas salían de sus procesos internos, sumamente tortuoso en el caso del PRI y con resultados sorpresivos en el PAN, donde se daba por descontado que el candidato sería Santiago Creel.
Pero responder a estas preguntas también plantea un problema de ética. ¿Qué tanto puede influir nuestro propio deseo, intereses e ideología en creer y anunciar que un candidato x va a ganar? ¿Qué tanto influye esto en nuestra percepción de cuál es el mejor candidato para México? ¿Qué tanto nos estaremos engañando a nosotros mismos al decir que x, y o z no tienen ninguna oportunidad?
En las elecciones de 2000, muchos colegas juraban que Labastida ganaría con un pequeño margen sobre Fox y cuando llegaron los resultados quedaron pasmados. Y no eran priistas, sino que simplemente no lo tenían dentro de sus previsiones. Ahora, las apuestas por López Obrador se mantienen arriba y a Madrazo lo ubican como el gran perdedor. Sin embargo, estamos a sólo unos días de que concluya la tregua electoral y podamos ver con más claridad el panorama.
 Sin duda, los periodistas tenemos nuestras preferencias y pasiones políticas personales, pero nuestra primera militancia es con el periodismo, y ésta es una profesión que exige dar voz a todos, aunque no nos guste lo que dicen. El periodismo no debe estar al servicio de ningún grupo político o económico, porque si lo hace se convierte en propaganda o publicidad. Finalmente, el buen periodismo exhibe las debilidades y fortalezas de las propuestas políticas sin necesidad de calificativos. En sus discursos y acciones podremos ver de qué vienen hechos estos candidatos y qué es lo que ofrecen o podemos esperar de ellos.
Aunque los mexicanos saben que prometer no empobrece… y que muchas de las propuestas son imposibles de realizar, mientras que otras sólo son para ganar votos.

Perla Oropeza
        

   

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¡Tenía que ser!

DestinoEl destino puede ser tan frágil y delicado como el ala de una mariposa o tan poderoso como una gruesa cadena de acero. Hay leyes en él inevitables para todos los seres humanos, como la muerte, pero otras que pueden ser ignoradas o modificadas. A veces podemos creer que ya hemos encontrado el camino que marca nuestro destino, para darnos cuenta, a la vuelta de la esquina, que no hay nada como una condena definitiva y que si realmente lo queremos, podemos dar un giro de última hora que nos salve o nos sepulte.
Es muss sein! es una expresión alemana que significa “Tenía que ser”, y la leí por primera vez en el libro del escritor checo Milan Kundera, La insoportable levedad del ser. Esta frase significa destino. Tomás, el personaje principal de este libro, se encuentra y reencuentra con su destino, y aunque en repetidas ocasiones se pregunta si realmente “debe ser así”, nada puede hacer para evitarlo, porque en el fondo no quiere hacerlo.
De acuerdo con Jorge Luis Borges, “cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento que el hombre sabe para siempre quién es”.
Aquí y ahora, en este país que a veces puede parecer incomprensible, se decide lo que será el destino de todos. Podemos hacernos a un lado, dejando que los demás decidan lo que tiene que ser; permitir al azar ejercer su poder o entender qué somos y poner nuestro grano de arena para el futuro.
Perla Oropeza

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